En el barco hay bares, dos en la cubierta 5, uno en la 8 y otro en la 9 en la zona de la cubierta de sol. Ciertamente, no es que fuesen muy solicitadas, salvo para la venta de café, chocolate u otras bebidas calientes, algunas cervezas y poco mas. El alcohol en Noruega es simplemente un bien de lujo para nuestras economías. Una cerveza en un supermercado de tierra podía rondar los 4€/lata y abordo, pues mejor no contarlo.
Llega el momento de abordar la parte más compleja de esta descripción del barco; sus “zonas comunes”. Si uno no tiene muchos argumentos de estética, en el mundo de la decoración, todo es muy relativo y lo que para unos es una obra de arte, para otros no lo es. Cada uno de nosotros ve las cosas desde nuestro único punto de vista, el cual puede coincidir con el de otras personas o no, sin por ello estar equivocado en las opiniones vertidas.
La habitabilidad en salones y espacios comunes, es probablemente la única concesión que los diseñadores del buque se han permitido, diferente a los fines primigenios de los barcos asignados a la ruta. Se ha pensado y mucho en el pasajero turista, ofreciéndole amplios y sugerentes espacios donde poder disfrutar de la experiencia única que es navegar abordo del “Trollfjord” por las aguas Noruegas al abrigo de las inclemencias meteorológicas y con las comodidades propias de un servicio turístico de primera calidad, evidentemente en consonancia con la majestuosidad de la propia navegación.
El barco derrocha luminosidad gracias a los generosos espacios acristalados, destacando el salón de nombre “Trollhall” construido sobre el puente de mando y ocupando esa parte delantera del buque sobre las cubiertas 8 y 9. Este magnifico observatorio está amueblado con cómodos sillones desde los cuales es posible compaginar, la observación de los paisajes circundantes con actividad de la lectura, hábito muy extendido entre los pasajeros siendo sin lugar a dudas un espacio de singular belleza, comodidad y lugar de descanso mas concurrido de la nave.

